"Habiendo diez, ¿porqué sacarse nueve?
me decía.
Y el pontificio endecasílabo
plantaba en mi cabeza
su báculo de esfuerzos memoriosos.
Los días eran
madejas de lecciones
que yo ovillaba
en tardes diligentes.
¡Ah!, pero también había cometas,
barquitos en la lluvia
y una pelota con cámara y con tiento.
A veces,
su puntual chancleta
restablecía el orden de las siestas,
hurtado por un gusto de albarillos.
Y entonces, la libreta,
chorreándose de diez sobresalientes
premiados por el cine del domingo.
Después me vi de cuja y de bandera,
alta en el cielo de julio y chocolate,
y un frío interminable de desfiles.
Cuando esto leas, madre,
(tal vez mañana),
ahora que soy un cero en la cabeza
y un cuerpo apenas como un uno,
quisiera que me enseñes
si diez es una cifra o un destino,
y si el vocablo Tiempo
va siempre con mayúscula.
me decía.
Y el pontificio endecasílabo
plantaba en mi cabeza
su báculo de esfuerzos memoriosos.
Los días eran
madejas de lecciones
que yo ovillaba
en tardes diligentes.
¡Ah!, pero también había cometas,
barquitos en la lluvia
y una pelota con cámara y con tiento.
A veces,
su puntual chancleta
restablecía el orden de las siestas,
hurtado por un gusto de albarillos.
Y entonces, la libreta,
chorreándose de diez sobresalientes
premiados por el cine del domingo.
Después me vi de cuja y de bandera,
alta en el cielo de julio y chocolate,
y un frío interminable de desfiles.
Cuando esto leas, madre,
(tal vez mañana),
ahora que soy un cero en la cabeza
y un cuerpo apenas como un uno,
quisiera que me enseñes
si diez es una cifra o un destino,
y si el vocablo Tiempo
va siempre con mayúscula.

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